domingo, 8 de febrero de 2026
sábado, 7 de febrero de 2026
LOS ARRIEROS DE TERRINCHES
En primer lugar, quiero empezar por decir que deseo que este escrito sea un sentido homenaje a todos los arrieros que en mi pueblo han sido.
La palabra arriería se deriva del vocablo arría, que significa recua o conjunto de animales destinados al transporte de mercaderías; esta voz proviene a su vez, de la interjección ¡arre!, que se empleaba para avivar el paso de las bestias.
Los arrieros eran personajes del entorno rural que con sus mulas cargaban productos del campo y diversas mercancías para comercializarlas en otro lugar, establecieron rutas naturales y directas de ingreso hacia diversas poblaciones. Debido a esto la arriería fue un agente económico y social importante para la segunda mitad el siglo XX, que contribuyó colateralmente con otras actividades, como las pensiones y posadas, lugares donde pernoctaban los arrieros, quienes contaban ahí con un cuarto para descansar y un corral para dejar a sus bestias.
La arriería tiene su historia, pero como sólo deseo referirme a los arrieros de mi pueblo, dejaré la historia general para otra ocasión
Este oficio fue durante las últimas cinco o seis décadas del siglo pasado el mayor movimiento económico de este pequeño pueblo del sureste de la provincia de Ciudad Real.
Es verdad que era una zona eminentemente rural, pero sobre todo, a partir de los años cincuenta, hubo un movimiento contagioso de la profesión de vendedores ambulantes.
Muchos hombres fueron dejando el campo para dedicarse a esa profesión no exenta de dureza, sobre todo en sus principios, pero que fueron resolviendo con pundonor y sacrificio y que repercutió muy positivamente en las economías familiares y por ende de la localidad.
Eran con sus blusones y boinas una estampa que les identificaba allá por donde pasaban, con su saco al hombro y romana en mano, eran hombres que partiendo de su localidad rural y local a su manera se tornaron en viajeros cuasi cosmopolitas.
Recuerdo de muy pequeño que los primeros arrieros viajaban con los productos cargados sobre mulas, que de ahí viene el nombre de arriero, pero poco a poco fuero prosperando y empezaron a llegar a sus distintos destinos por medio de autobuses de línea con sus sacos de miel, aceite, quesos, jamones o legumbres. Al llegar al destino dejaban los sacos con el género en la posada donde se alojaban y pateaban las calles de las diferentes poblaciones de la zona elegida, ejerciendo así la venta ambulante.
Ya dije antes, que era un trabajo duro, sobre todo al principio, porque a medida que la cosa se prometía próspera, algunos, o más bien la mayoría se modernizaron adquiriendo un vehículo para la venta,lo cual les facilitaba bastante su anterior y sacrificada vida.
Después de un tiempo, se generalizaron y especializaron más, y casi todos vendían fundamentalmente, quesos manchegos, jamones y embutidos.
Ya en esa situación, la prosperidad les fue llegando al punto que muchos de ellos se asentaron en sus correspondientes zonas de venta llevándose a sus familias e incluso montando negocios con los productos típicos de su tierra, en las diferentes poblaciones de destino.
Las provincias elegidas por los arrieros terrinchosos fueron bastantes por todo el país, pero básicamente coincidieron la mayor parte de ellos asentándose desde Valencia, Alicante, Murcia, Jaén, Granada etc.
No tengo la total seguridad, pero creo que la profesión de arriero ha caído en desuso. Es probable que así sea porque con los nuevos tiempos en la mayoría de las localidades ya no permiten ese tipo de ventas y todo ha cambiado,pero mientras duró la bonanza y la permisividad los valientes hombres de mi pueblo, practicaron la arriería con bastante destreza, engrandeciendo el nombre del pueblo y siendo todos valorados en él.
Es por todo esto, que me gustaría que no se olvidara el oficio de todos aquellos que llevaron con orgullo el nombre de Terrinches por todas partes.
Escrito por J.Gónzalez Parra
jueves, 5 de febrero de 2026
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