viernes, 10 de noviembre de 2023
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BLOG PARA REFLEJAR LA HISTORIA, MONUMENTOS, COSTUMBRES, UTENSILIOS EN DESUSO, LOCALISMOS, DICHOS POPULARES Y REFRANES, GASTRONOMÍA DE LA MANCHA, NOTICIAS DE INTERÉS DE UN PUEBLO MANCHEGO.
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ResponderEliminarEn ese plano no se aprecian las siluetas de la Plaza ni de la Placeta. Más que de plaza parecen trozos de calle.
La Plaza abajo, y arriba de la calle del Arroyo (después de José Antonio, después de Rafaela Muñoz) la Placeta.
En la otra placeta, donde vivió la hermana Perfecta, y vivían la hermana Matea y "el hermano sordo" su marido, Antonio, vivió también, en tiempos remotos, un matrimonio anciano que vendía naranjas.
Naranjas y otras cosas más, supongo.
Cuando alguna clienta entraba acompañada de un hijo pequeño, después de haber comprado la madre le regalaba la tendera al niño una naranja.
El tendero se ponía mohíno.
Hasta que un día el buen hombre, sin dar voces ni arrear un sopapo (sin decir ¡que te escamocho!), le dijo con buenas maneras a su mujer: «Te vas a venir conmigo a Valencia a por las naranjas, para que veas los pasos que cuestan».
Me imagino a aquella pareja subiendo por los Papicos, en carro (¿en carro por los Papicos?), cruzando la Canuta o Loma del Gallego, enfilando la Vereda de los Serranos, yendo luego por la carretera de Albacete hacia Valencia.
Eso yo lo imagino, no sé si se fueron y vinieron por ese lado o por el camino de Albaladejo.
En cualquier caso, larga ida y larga vuelta.
A partir de entonces, cuando una madre con su niño entraba a comprar, si el niño no recibía el acostumbrado regalo, decía la clienta: «Hermana, dele usté una naranja al muchacho». Y respondía entonces la tendera: «No, hija, ay no, que tú no sabes los pasicos que cuestan».
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ResponderEliminar«En la otra placeta», digo en el otro comentario. Es que había otra placeta (y la hay si no se la ha llevado el tiempo cierzo) lindando con la Placeta (la linde, la casa de Vicente Pérez).
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